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La Matutina Digital
Bienaventurado el hombre que confía en Dios.
Por: Mónica López Clavel - Ecuador
Jeremías 17:7-8
Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto
Hoy quiero compartir contigo una historia que viví hace algunos años. Soy Mónica, abogada de profesión y madre de Génesis, quien abrazó el mensaje adventista cuando era universitaria. El lunes 4 de enero de 2014 fue el día en que mis convicciones se vieron desafiadas por la adversidad y tuve que demostrar la fortaleza de mi fe, cuando mi única hija, Génesis Jocabed, de casi 13 años, estuvo hospitalizada en la UCI. Vivimos momentos cruciales como familia. Pese a toda la ayuda médica, ella dependía de un milagro.
Fueron las palabras de su padre, Carlos (médico pediatra), las que retumbaron en mi cabeza: "Génesis puede morir", con la idea de que mi única hija podía morir. Fue entonces, en ese momento tan duro y crucial, cuando debes poner en práctica lo que has aprendido en el caminar cristiano y decir, clamando con certeza: "Señor, tú me diste a Génesis, no quiero que te la lleves, la quiero conmigo, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Luego de aquello, hubo una movilización local, nacional y mundial de personas que orábamos con fe, hasta que Dios hizo el milagro y ella fue sanada.
Pedir un milagro es un acto profundamente humano y surge de nuestras limitaciones. Pedir un milagro no es buscar que Dios cambie una circunstancia externa; es también una invitación a dejar que Él transforme nuestro corazón. Hoy, Génesis cumple 24 años y estudia medicina.
Fueron las palabras de su padre, Carlos (médico pediatra), las que retumbaron en mi cabeza: "Génesis puede morir", con la idea de que mi única hija podía morir. Fue entonces, en ese momento tan duro y crucial, cuando debes poner en práctica lo que has aprendido en el caminar cristiano y decir, clamando con certeza: "Señor, tú me diste a Génesis, no quiero que te la lleves, la quiero conmigo, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Luego de aquello, hubo una movilización local, nacional y mundial de personas que orábamos con fe, hasta que Dios hizo el milagro y ella fue sanada.
Pedir un milagro es un acto profundamente humano y surge de nuestras limitaciones. Pedir un milagro no es buscar que Dios cambie una circunstancia externa; es también una invitación a dejar que Él transforme nuestro corazón. Hoy, Génesis cumple 24 años y estudia medicina.
No te angusties, Dios está obrando incluso antes de que lo veas y cuando el milagro llegue, descubrirás que Él no solo cambió tu circunstancia, sino que fortaleció tu fe, en medio de la prueba.
Comentarios (3)
Que lindo testimonio, cuando la vea daré una vez más gloria a Dios
Bendito testimonio de fè y amor hermana...saludos...)
Dios es fiel en sus promesas, cuando el pueblo de Dios ora, suceden cosas maravillosas, y en tu caso que enorme milagro. Que Génesis cumpla los propósitos de Dios, bendiciones
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