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La Matutina Digital

Aprender a amar como Dios

Por: Luis Alberto Vélez - Ecuador

Jeremías 31:3

Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

Chester fue el último perro que tuve hace poco. Solo vivió 4 meses y quizás no lo supo, pero me dejó una gran lección. Cada vez que Chester hacía sus travesuras dentro de casa y tocaba limpiar su desastre, yo meditaba: «Cuando tenga un hijo, tendré que ser tolerante porque también tendré que atenderle y, en resumen, limpiar sus desastres con amor».

Antes de que Chester se fuera, supimos que mi esposa estaba esperando un bebé. Era un milagro; nos había costado tanto tiempo que ocurriera, que llegué a pensar que Dios no quería que tuviéramos un hijo porque, tal vez, sería una mala persona. Pero Dios nos bendijo.

Yo, como la mayoría de los padres, quería que ese ser humano fuera varón; se llamaría Manasés. Pero Dios tenía otros planes. Finalmente, la ecografía reveló que sería una niña. No niego que quizá sentí un poco de tristeza, pues quería un niño, pero sabía que, a pesar de eso, mi amor por esa bebé seguiría intacto.

Antes de que Abigail naciera, un gran amigo me dijo: «Tener una niña es otro nivel». Y cuando esa niña llegó, pude comprobar que, efectivamente, para un hombre tener una niña es realmente de otro mundo: es tener el amor más puro y sincero que un hombre puede experimentar; es tener una mujer que te ama incondicionalmente, sin reservas, hagas lo que hagas.

Hoy mi niña cumple 4 años. Y puedo ver que, a través de ella, Dios me enseñó el verdadero amor; con el amor de mi hija, Dios me dijo: «Así te amo yo».
Dios dice: si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuánto más vuestro padre, OS dará lo que le pidan. Puedes estar completamente seguro de que Dios te ama profundamente.
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