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La Matutina Digital
Orar, confiar, aceptar
Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador
2 Samuel 12:22
Ayuné y lloré - respondió David - mientras el niño vivía porque me dije: Tal vez el Señor sea compasivo conmigo y permita que el niño viva. (NTV)
El rey David vivió un momento muy duro: oró con toda el alma, ayunó y suplicó al Señor por la vida de su hijo. Pero cuando el niño falleció, no se quejó, no se rebeló ni huyó de la realidad. Al contrario, se levantó, adoró a Dios y aceptó con humildad lo que sucedía. De su ejemplo aprendemos cuatro verdades importantes:
1. Orar con fervor total: David derramó su dolor y esperanza ante Dios sin reservas. Tú y yo también podemos llevarle todo: miedos, deseos y penas. Él escucha cada oración, aunque su respuesta no sea la que imaginemos.
2. Aceptar con humildad las consecuencias de nuestros actos: David sabía que lo que ocurría era también resultado de su propio pecado. No buscó excusas ni culpó a otros: asumió con valentía lo que sus decisiones habían traído. A veces lo difícil no es solo la prueba, sino reconocer: 'Esto es fruto de lo que hice'. Y aun así, Dios no nos abandona.
3. Aceptar su voluntad, aunque duela: Cuando no entendemos el porqué de las cosas, cuando la tristeza pesa o el camino se oscurece, aprendemos a decir: 'Tu voluntad es mejor que la mía'. Sus planes son sabios, incluso cuando no lo comprendamos ahora.
4. Reconocer que Él tiene el control de todo: Tanto en los momentos de bendición y alegría como en los de tristeza y prueba, sabemos que nada escapa de su mano amorosa. Él sigue siendo el Señor, sostiene nuestra vida y nos da fuerza para seguir adelante.
1. Orar con fervor total: David derramó su dolor y esperanza ante Dios sin reservas. Tú y yo también podemos llevarle todo: miedos, deseos y penas. Él escucha cada oración, aunque su respuesta no sea la que imaginemos.
2. Aceptar con humildad las consecuencias de nuestros actos: David sabía que lo que ocurría era también resultado de su propio pecado. No buscó excusas ni culpó a otros: asumió con valentía lo que sus decisiones habían traído. A veces lo difícil no es solo la prueba, sino reconocer: 'Esto es fruto de lo que hice'. Y aun así, Dios no nos abandona.
3. Aceptar su voluntad, aunque duela: Cuando no entendemos el porqué de las cosas, cuando la tristeza pesa o el camino se oscurece, aprendemos a decir: 'Tu voluntad es mejor que la mía'. Sus planes son sabios, incluso cuando no lo comprendamos ahora.
4. Reconocer que Él tiene el control de todo: Tanto en los momentos de bendición y alegría como en los de tristeza y prueba, sabemos que nada escapa de su mano amorosa. Él sigue siendo el Señor, sostiene nuestra vida y nos da fuerza para seguir adelante.
Nada sucede fuera de la mirada de nuestro Dios, y el Señor, que controla todo, te acompaña y sostiene en cada paso que das. Ora con fervor, acepta con valentía los resultados y confía sin dudar.
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